Qué bonito seguir siendo humanos | Cuando no todo necesita optimizarse

En un mundo obsesionado con la productividad y la perfección, vale la pena recordar que ser humano también significa descansar, dudar, equivocarse y simplemente ser.

Ariana Calvo

6/28/20264 min leer

Qué bonito seguir siendo humanos

Vivimos en una época que nos invita a hacer más, más rápido y mejor. Hay aplicaciones que organizan nuestros días, relojes que miden nuestro sueño, algoritmos que nos dicen qué consumir y herramientas capaces de responder preguntas en segundos. La tecnología ha transformado la manera en que trabajamos, aprendemos y nos relacionamos, y eso también tiene cosas valiosas.

Sin embargo, entre tanta eficiencia, a veces aparece una pregunta que pasa desapercibida: ¿en qué momento empezamos a creer que nosotros también teníamos que funcionar como una máquina?

Poco a poco, sin darnos cuenta, comenzamos a medirnos con la misma lógica con la que medimos nuestro rendimiento. Ya no solo buscamos hacer mejor las cosas; sentimos que nosotros también deberíamos ser mejores todo el tiempo. Más productivos, más organizados, más disciplinados. Como si siempre hubiera una versión más eficiente de quienes somos.

Cuando vivir se convierte en un proyecto de mejora constante

Mejorar no tiene nada de malo. Aprender, crecer o desarrollar nuevos hábitos puede ser profundamente enriquecedor. El problema aparece cuando la búsqueda de una mejor versión de nosotros mismos deja de ser una elección y se convierte en una obligación.

Entonces cada día parece una evaluación permanente. Dormir mejor, producir más, aprovechar cada minuto, leer más, hacer ejercicio, responder mensajes rápido, sentir menos ansiedad y gestionar mejor las emociones. Sin querer, la lista nunca termina.

En ese intento por optimizarlo todo, la vida puede empezar a sentirse como un proyecto que siempre está incompleto. Siempre hay algo por corregir, algo por aprender o algo que debería estar funcionando mejor. Y cuando vivimos desde ese lugar, descansar o simplemente no hacer nada comienza a sentirse casi como una pérdida de tiempo.

Hay cosas que no necesitan arreglarse

No todo lo que vivimos necesita una solución inmediata.

Hay emociones que no desaparecen porque encontremos la estrategia perfecta. Hay procesos que no pueden acelerarse y preguntas que necesitan tiempo antes de encontrar una respuesta.

Un duelo no sigue un calendario. La tristeza no entiende de productividad. Las dudas no siempre se resuelven en una tarde.

A veces necesitamos detenernos sin sentir culpa. Cambiar de opinión. No tener claro el siguiente paso. Pedir ayuda. Equivocarnos y volver a empezar.

Quizá esas experiencias resulten incómodas porque vivimos en una cultura que nos empuja a resolverlo todo rápidamente. Pero justamente ahí está una parte importante de nuestra humanidad: no siempre podemos controlar el ritmo de lo que sentimos, y eso también está bien.

La perfección también puede cansarnos

Las redes sociales nos muestran personas que parecen tener todo bajo control. Vemos rutinas impecables, proyectos exitosos, casas ordenadas y vidas que parecen avanzar sin tropiezos. Aunque sepamos que solo estamos viendo una parte de la historia, es difícil no compararnos.

Entonces empezamos a esconder aquello que consideramos imperfecto. El cansancio. Las dudas. Los errores. Los días en los que no podemos con todo.

Y poco a poco dejamos de tratarnos con la misma comprensión que solemos ofrecerles a quienes queremos.

Es curioso: somos capaces de entender que un amigo tenga un mal día, que necesite descansar o que atraviese un momento difícil. Sin embargo, cuando se trata de nosotros, muchas veces creemos que deberíamos poder con todo.

Quizá la perfección no solo sea imposible. Quizá también sea una forma muy solitaria de vivir.

Recordar que seguimos siendo humanos

Un algoritmo busca predecir, ordenar y optimizar. Las personas no.

Somos contradictorios. Podemos sentir ilusión y miedo al mismo tiempo. Podemos amar profundamente algo y, aun así, desear que cambie. Podemos equivocarnos incluso después de haber aprendido una lección importante.

Nuestra vida no avanza en línea recta, y probablemente nunca lo haga.

Tal vez la pregunta no sea cómo convertirnos en la versión más eficiente de nosotros mismos, sino cómo aprender a habitar con más amabilidad a la persona que ya somos.

Porque ser humano también es descansar sin justificarlo. Es dudar antes de tomar una decisión importante. Es pedir ayuda cuando ya no alcanza con hacerlo todo solos. Es cambiar de rumbo cuando descubrimos que el camino ya no nos representa.

Y quizá ninguna de esas cosas necesite corregirse.

Para llevarte hoy

  • No todo lo que sentís necesita una solución inmediata; algunas experiencias solo necesitan tiempo y espacio para ser vividas.

  • Descansar, equivocarte o cambiar de opinión no son señales de fracaso. También son parte de crecer.

  • Tu valor no depende de cuánto producís ni de qué tan eficiente seas. Hay una parte de vos que merece ser cuidada simplemente porque existe.

¿Está mal querer mejorar como persona?

No. Crecer puede ser una experiencia muy valiosa. La diferencia está en si ese deseo nace del cuidado hacia vos mismo o de la sensación constante de que nunca sos suficiente.

¿Cómo puedo dejar de exigirme tanto?

Empezá por preguntarte de dónde viene esa exigencia. Muchas veces repetimos expectativas que aprendimos hace años sin detenernos a cuestionarlas. Mirarlas con curiosidad suele ser un primer paso más amable que intentar eliminarlas de inmediato.

¿Aceptar mis errores significa conformarme?

No. Aceptar no significa dejar de crecer. Significa reconocer con honestidad dónde estás hoy para poder avanzar sin pelear constantemente con vos mismo.

Al final, quizá no necesitamos convertirnos en la mejor versión de nosotros todos los días. En medio de tanta prisa por hacer más, saber más y ser más, también podemos recordar algo mucho más simple: todavía podemos equivocarnos, descansar, sentir, pedir ayuda y cambiar de rumbo. Lejos de ser un defecto, esa sigue siendo una de las cosas más valiosas de estar vivos.

Esta conversación continúa...

Las conversaciones más valiosas rara vez terminan en un solo texto.

Junto con Dani Dariku quisimos explorar esta misma idea desde dos miradas distintas. Mientras acá reflexionamos sobre lo que significa seguir siendo humanos en un mundo que nos invita a optimizarlo todo, ella propone una pausa para volver al cuerpo y al momento presente, acompañada de una receta sencilla para regalarte ese espacio.

👉 Podés leer su artículo aquí.

PSICÓLOGA PSICOANALISTA EN COSTA RICA

¿Tienes preguntas?

Si tienes alguna pregunta sobre la terapia, no dudes en ponerte en contacto conmigo.